LEILA GUERRIERO, DISPARA CON “ZONA DE OBRAS”

Si somos prudentes, si sabemos esperar, la gente, antes o después, dirá lo que tenga que decir. O no. Y entonces también nos habrá dicho alguna cosa. LEILA GUERRIERO

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Mira, huele, toca, pregunta. Es Leila Guerriero, quien interroga, reseña, describe, deletrea y publica “Zona de Obras”. Un recetario más que un manual; una antología que reúne algo parecido a las fichas necrológicas que describen lo que pasa cuando ya pasó lo que escribió. Actas, notas, confidencias., creencias como: “el periodismo narrativo es muchas cosas pero es, ante todo, una mirada –ver, en lo que todos miran, algo que no todos ven-… pero para ver no sólo hay que estar; para ver, sobre todo, hay que volverse invisible”.

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Leila es acción más descripción igual a emoción. Crónica en estado puro. Cuando la conocí, lo primero que le pregunté fue:

-Leila, ¿llegas antes o llegas cuando llegas?

-Yo creo que el periodismo narrativo es necesariamente llegar mucho después, cuando ya pasaron todos.

Y ella llega después y permanece para desaparecer después. Escribe en Zona de Obras: “Sólo permaneciendo se conoce, y sólo conociendo se comprende, y sólo comprendiendo se empieza a ver”.

Su cuento es la puritita realidad. Mide, mira, calcula, subraya. Ofrece una pista:: “Quizás parte de la clave del periodismo narrativo es que, hablándonos de otros, nos habla, todo el tiempo, de nosotros mismos”

No es que sólo le atraiga la gente rara, los torturados, hay gente que le parece interesante, “gente común puesta en circunstancias extraordinarias”. Por ello “un desafío es contar la pobreza sin pietismo y narrar la riqueza sin –a priori- condena moral”.

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Leila se ocupa de los desdichados con la misma puntería que describe a las señoras ricas; al goce y al dolor. Al horror, también. Un ejemplo: “Esa tarde, toda la tarde, Amanda trajinó la casa escondiendo tijeras y cuchillos, navajas y horas de afeitar. Porque la vio mal –nerviosa, diría después- y sospechó: su hija, Eugenia, entraba y salía de los cuartos cerrando puertas con furia, los ojos dos ascuas vivas, y Amanda preguntaba: “¿Qué te pasa, Euge, por qué, por qué?”, más por calmarla que por esperar respuesta: hacía dos años que sabía por qué. Esa tarde de agosto de 2006, Eugenia, 15 recién cumplidos, furtiva como un gato, encontró al fin lo que buscaba: un filo. Entonces se encerró en el baño, se quitó la ropa y se hizo un tajo –hondo- en esa parte suya que la asquea: el sexo que lleva entre las piernas. El pene”.

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La mejor forma de denuncia es escribir bien. No somos iluminados ni tenemos una misión que cumplir en el mundo. Somos periodistas que contamos historias. Por ello, Leila Guerriero, escribe: “El periodismo equivale a alguna forma de la justicia cuando, en realidad, los periodistas no somos la justicia, ni la secretaría de bienestar social, ni la asociación de ayuda a la mujer golpeada, ni la Cruz Roja, ni la línea de asistencia al suicida. Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o no sólo para eso”.

Leila, lo aprendió: “El oficio que practico me enseñó a escuchar mucho y a hablar poco, a olvidarme de mi y a entender que todas las personas son su propio tema favorito”. También aprendió, acepta y hace:

  • Hay que aprender a vivir sin necesitar la mirada de los otros
  • Lo que hago es lo que más soy
  • Preguntar como quien no sabe, esperar como quien tiene tiempo y estar allí como quien no está.
  • Porque nunca pretendo ser amiga de quienes entrevisto. Porque no escribo para disgustarlos, pero sé que no tengo por qué escribir para que les gusté.
  • Si somos prudentes, si sabemos esperar, la gente, antes o después, dirá lo que tenga que decir. O no. Y entonces también nos habrá dicho alguna cosa.

Leila hace perfiles. Trabaja la crónica. Y entrevista a quien quiere, quizá . porque, dice: “Yo, que no obedezco nunca a nadie, obedezco a mis principios con sumisión arrebatada”.

–Hay alguien que te haya dicho no y te haya jodido?

– Hace poco, durante siete meses una persona me dijo no, pero hace dos semanas me dijo sí, pero durante los siete meses que me dijo no, me jodió, me jodió, me jodió.

Lelila corre pero cuando para, para. Tiene un anillo al que soba cuando escucha, que es casi siempre. Responde a todas las preguntas. También ríe. No va de guay, no va de moderna, creo que no va de nada. Pero sobre todas estas cosas, pregunta, pregunta y vuelve a preguntar. Y no saber la hace ser. Por ello busca, busca y vuelve a buscar.

Leila Guerriero es periodista, y no estudió periodismo. Hay quien lo estudió y no lo es; una profesión que –aunque se tenga el título- si no se ejerce es como fumar y no dar el golpe.

En mi caso no sé dónde aprendí periodismo, incluso no sé si lo que sé es periodismo, pero la pregunta no es dónde, sino con quién o de quién. En la universidad aprendí algo, más bien poco y mal, pero dos personas fueron fundamentales para hacer de ese poco, todo. Con estas dos personas reconocí lo ejemplar, que es cuando vale la pena copiar y repetir, untarse de eso que no es nosotros. Con el periodismo aprendí sobre la fugacidad; acepté que algo que lleva mucho y a veces todo dura como mucho un día, una hora o dos minutos.

También me enseñó el oficio periodístico que lo rápido lleva su tiempo, a callar si no se tienen las palabras, y a preguntar lo que uno desconoce pero también lo que uno cree; no hacer como que me gusta lo que rechazo pero tampoco a rechazar lo que no me gusta. Con el tiempo comprendí que el humor, la provocación o la sorpresa eran elementos constitutivos para la creación de un buen relato. Supe que la noticia como tal ya no cuenta, lo que cuenta es cómo se cuenta esa noticia. Nunca como ahora es necesario distinguir entre información, difusión y promoción. Quien informa desvela, denuncia y ofrece datos, quien difunde ofrece hallazgos, y quien promociona, sólo vende y no necesariamente cobra.

Con el periodismo supe que el error también puede ser una fórmula para el relato porque conlleva naturalidad, que suele ser lo más próximo a la verdad. Lo que cuenta, no es que hayamos estado, es CÓMO lo hemos contado. Y el CÓMO es la comida diaria de Leila Guerriero, periodismo que destila literatura.

 

“Zona de Obras”

Leila Guerriero.

Editorial: Círculo de Tiza.

1ª. Edición: Septiembre 2014.