LA CULTURA EN LOS TIEMPOS DEL TWITTER. Influencia de las redes sociales en el periodismo cultural

Un reportaje de Gustavo Mota presentado en el Octavo Foro Internacional de profesionales de la comunicación y la información TVMORFOSIS, en el marco de la reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara FIL 2014, bajo el lema: “TV Everywhere, televisión en todas partes”. Un encuentro organizado por el Canal 44 de la Universidad de Guadalajara, con el apoyo de TV UNAM.

Jefes y redactores de las secciones culturales de los principales diarios digitales españoles declaran y analizan el impacto de las redes sociales en su labor informativa.

Un reportaje que responde a las preguntas:
¿Cuál ha de ser la conducta de un periodista en las redes sociales?

¿Hasta donde está la libertad del periodista y la injerencia de la empresa periodística en el uso de las redes sociales?

¿Las redes sociales han modificado la agenda informativa cultural?

¿Las redes sociales determinan nuevos contenidos culturales?

¿los nuevos medios digitales utilizan códigos deontológicos específicos para redes sociales?

¿Ha cambiado la función histórica del periodismo cultural con la aparición de diarios nativos online?

¿Cuáles son los principales errores de los periodistas en la utilización de redes sociales?

¿Cómo construye un periodista su reputación on line?

Participan en este reportaje:
PEIO. H RIAÑO: El Confidencial.com

KARINA SAINZ BORGO Vozpopuli.com

SILVIA HERNANDO. Infolibre. Com

PAULA CORROTO. Eldiario.es

JUAN MERODIO. Especialista en Social Media.

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PROCESO A JULIO SCHERER. PERIODISTA

JULIO SCHERER Y L AREVISTA PROCESO

Murió Julio Scherer, el periodista mexicano más importante de la segunda mitad del siglo XX y parte del XXI, conciencia crítica para un país desolado por la corrupción y la violencia. Mi tesis de licenciatura fue sobre él y la revista proceso. Así empieza:

El día por fin llegó, era un miércoles 23 de octubre de 1991, mi primer encuentro con Julio Scherer. Fue en las oficinas de la revista Proceso, en la calle Fresas, 13, de la colonia del Valle. Llegué y él estaba sentado frente a su escritorio. Me miró gélidamente y estiró la mano sin ponerse de pie. Su silencio indicó que debía hablar aún cuando temblara mi voz.

-Don Julio, soy Gustavo Mota Leyva y estoy haciendo mi tesis sobre Proceso. Pienso entrevistar a gente que esté a favor y en contra de la revista. Yo sé que usted no da entrevistas pero quisiera que haga una excepción.

-Qué le voy a decir yo. Yo nunca he dado una entrevista. ¿Quién soy yo para dar entrevistas?

-Yo lo sé maestro, pero ahora se trata de una tesis profesional…

-Pero igual se lee, igualmente es un trabajo público. Si mi trabajo no habla por sí solo, entonces ¡yo valgo madres!. Lo que yo tenía que decir ya está dicho, en mis libros y semanalmente en Proceso. Es mi trabajo el que debe de hablar, no yo. Y le repito, si no es así entonces ¡Valgo madres!

-Don Julio, tengo varias dudas y solamente usted podría resolverlas como director de la revista. ¿Cuáles han sido las modificaciones que ha sufrido la revista? ¿Qué es lo que ha caracterizado a Proceso? ¿Quién era Julio Scherer antes de llegar a la dirección de Excélsior?

-¡Cuáles han sido las modificaciones?, eso no se lo voy a decir yo, basta con que haga una revisión de cada uno de los números y determine usted en qué ha cambiado.

-Sí, pero esa sería mi opinión y quizá no sea verídica.

-Eso valdría más para mi, que usted hiciera su propio análisis.

-¿Y si me equivocó?

-Sería usted el que se equivoca, no yo.

-Maestro, semanalmente Proceso proporciona información singular, exclusiva, cómo lo consigue?

-Le repito, no le voy a dar la entrevista. El contarle lo que me pregunta sería contarle porque somos tan chingones. Sería auto alabarme y eso no lo acostumbro. Le voy a dar un dato: Hay mucha gente que confía en Proceso y por eso se nos proporciona información diferente, contamos con muchos corresponsales anónimos. El darle la entrevista sería contarle porque somos tan fregones, sería vanagloriarme y eso me repugna.

-Don Julio voy a entrevistar a distintas personas, si alguien hablara en contra de usted o de la revista, me daría la entrevista?

-Sí, siempre y cuando sea información contundente. No me vaya a venir a decir que le dijeron que soy un sangrón porque ya lo sé; que soy un ratero porque ya muchas veces me lo han dicho. Pero si usted viene con una afirmación donde le dicen que yo recibo 500 millones de pesos por parte de la Presidencia de la República, entonces le doy la entrevista.

Julio Scherer cerró este encuentro, diciéndome: “No me odie”.

Por supuesto no pude, porque no la encontré, el tipo de información que él me exigía. Mi tesis la terminé y no le gustó, se cabreó, y sólo dijo: “Usted ha sido muy generoso. Yo soy ese, pero no tanto”.

En efecto, se trataba de una tesis carente de rigor científico, chorreada de admiración, y Don Julio era lo suficientemente vanidoso para no creerse ningún elogió, como los que cito a continuación:

Vicente Leñero. Periodista: “La personalidad de Julio Scherer como reportero es lo que ha hecho posible que Proceso sea una buena revista periodística. Julio Scherer es un reportero, nada más. Un reportero obsesionado por el periodismo. Pagés LLergo perdía una noticia con tal de ganar un amigo, Julio pierde a un amigo antes que a una noticia.”

Froylán López Narváez. Periodista: “Como era el tonto de la familia Julio tuvo que empezar a trabajar cuando vino la quiebra familiar, así fue como surgió el director de un periódico, el que “no servía para nada”

Miguel Ángel Granados Chapa. Periodista: “El general De Gaulle decía de alguno de sus generales que sus defectos eran prolongación de sus virtudes, eso se le puede aplicar a don Julio, es un hombre rigurosamente ético y eso lo lleva a ser inquisitorial”

Elena Poniatowska. Escritora: “Julio Scherer es un hombre que tiene una educación de colegio alemán, una educación muy estricta, que tiene una disciplina interior y una disciplina física también muy notoria, porque es un hombre que todos los días nada. Es un hombre casi jacobino, en lo que se refiere a la honradez, es querer y creer en los demás, y que los demás crean en él.

Guillermo Soberón Acevedo. Ex rector de la UNAM. “Todo lo que le pudiera decir de Proceso es negativo. Es una revista con una total falta de ética, de verdad, es una revista que nada más se dedica a denunciar”

Han pasado 21 años y Julio Scherer a fallecido. Un hombre que es inspiración de una historia que se repite día a día: Informar para comprender, contar para existir.

La revista Proceso y Julio Scherer García: Un caso sui generis en la historia del periodismo mexicano de la segunda mitad del siglo XX” es el título de mi tesis con la que obtuve el grado de licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo la dirección de la maestra e investigadora Fátima Fernández Christlieb.

CARLOS SALINAS DE GORTARI, en Madrid

Foto de Ulises CastellanosFoto de Ulises Castellanos
Viste de azul. A su cuello le sujeta una corbata rígida y unos ojos sin tregua. Es cazador y presa; su mirada es fusil, su dicho es carnaza, lo sabe, y por ello se mide en lo que dice y se esconde en lo que calla. Es amable, tanto y ante cualquier cuestionamiento, que cuestiona irremediablemente su sinceridad. Se mueve como pez en el agua sin haber pisado nunca el fango. Se protege en la sombra de la retórica, añeja y hueca pero no por ello menos pretenciosa. Lo que habla se parece al humo, no deja huella. Su comodidad radica en los baños de masas y en no responder a lo que se le pregunta. Ha sido invitado por la Fundación Ortega y Gasset, ubicada en la calle Fortuny del barrio de Salamanca, el más lujoso de Madrid. La primavera llega con él, un tiempo amable parecido al calor que no reprocha. Le esperan estudiantes de postgrado, clase alta y mexicana, acentos condescendientes, miel para los oídos del ex, para ellos, señor Presidente.
Saluda, asiente, abraza, se expande. Se acomoda en su podium y arranca su disertación de folios inacabables. Es de noche, son 200 personas, un palacio, una voz y un pasado. Carlos Salinas de Gortari lee, al tiempo que explica. Su tono es de predicador, su tiempo, amigo, su atmósfera, de cuates. Recurre a Platón y a la etimología, a los clásicos, a los pensadores, a los ilustres. Su cuidado academicismo le revela como alguien que le interesa parecer. Es teórico en los templos del saber sin morderse la lengua; una lengua larga que saborea las ideas sin fondo que le sirven como camino, prolongación, excusa, y ubicación: “No me interesan las próximas elecciones, me interesan las próximas generaciones, estoy en la batalla de las ideas.”
Engrandece, engorda, cobra altura cuando el tipo de especie que le rodea es menor, engominada, perpleja y sumisa. Se siente cómodo, entonces se suelta, y sin rubor se sitúa en su condición de hombre, de varón: “Están los que ahorran y derrochan, Estados Unidos ha gastado todo, más de lo que ha ganado, mientras China ha ahorrado. En mi proyecto, -es decir su próximo libro- las mujeres juegan un papel muy importante, se ha comprobado que ellas ahorran más que nosotros, los hombres”. Plantea como receta teórica para el futuro “La Democracia Republicana”; propone fortalecer la soberanía y justicia social en libertad, ¿cómo? Participando. Salinas parece Presidente, es mandatario, es gobernante, la demagogia le alcanza, le sostiene, le alimenta. La crisis que vivimos no es una más, aclara, “no es parte de otro ciclo, es la crisis de un modelo”. Por ello asume que ha sido una alternativa fallida para el desarrollo mexicano el populismo y el neoliberalismo. Ante tal aseveración se le pregunta por el neoliberalismo que él instauró en México. Su respuesta corta y segura: “Al principio es lo que se debía de hacer. Los bienes son para acabar con males. Lo malo es cuando se convierte en doctrina, que es lo que sucedió después”.
Salinas académico, Salinas economista, Salinas consejero, Salinas doctor, Salinas pendular, Salinas desmemoriado, Salinas amnésico. Salinas es apellido y es sombra; es Ex presidente sin peligro de extinción. Sus tentáculos los utiliza cuando llama a un desconocido por su nombre de pila. Su sonrisa es palmada en la espalda que intenta disminuir al interlocutor. Pareciera que, como en el sádico, su goce radica en el sentimiento que padece uno con el silencio que ofrece su palabra hueca y su sonrisa inalterable. Dicta recetas sin dar los ingredientes. Sugiere soluciones sin método. Ante las interrogantes de cómo participar en la solución de problemas cuando la falta de credibilidad en los políticos es la sal de cada día, sólo responde: “Participando”. Ante la especie que le escucha, la alta burguesía mexicana, que antes de preguntarle se presenta, le suelta su currículo breve, su juventud de idea y edad, él responde con cierta autoridad teórica que resbala en la falta de reflexión. Por ello recurre a sus recuerdos, todos buenos y salvadores, “Solidaridad”, “Chalco”, la pobreza que disminuyó con él y la década perdida después de irse. Termina su parlamento y la prensa le acorrala. Me acerco, me presento y él corresponde: “Es de casa, permítanme responderle a él, tengo que ser cortés con los anfitriones”. Fulmina al resto, a los corresponsales mexicanos. Su mirada circular, amplificadora le convierte en un ser expansivo. Se detiene y mira. Mientras leo:
“Se dice que está detrás Salinas ante cualquier hecho sucedido en México y para el que no se encuentra explicación” –Sonríe, se le abren los ojos, se reconoce, sí, es ese ser que recorre el mundo como una sombra- Pregunto: “¿A quién beneficia y a quién perjudica esa mitología o realidad?”
Su anillo de casado con el que juega acentúa el enamoramiento consigo mismo, empieza a responder el discurso: “Como usted dice, se dice, los díceres. Aquí lo importante es abordar de frente los problemas del país, cada quien en su posición de responsabilidad, ya sea en la tarea de gobierno o como un ciudadano más, como es mi caso. Participar en lo que toca para ir resolviendo los problemas de fondo. Para la población que está padeciendo los problemas poco le interesan los diceres, lo que importa son las soluciones”.
-Jorge Volpi habla del “Caudillismo Democrático en América Latina… Interrumpe Salinas.
– Yo creo que aquí lo que necesitamos es el ciudadano democrático, el ciudadano participativo, co-responsable, involucrado en la cosa pública, eso es lo que hemos venido a comentar el día de hoy.
– Sí, pero qué opina acerca del concepto “El caudillismo democrático” que vive América Latina?
– Ya me voy a tener que ir pero ha sido un gusto saludarlo.
Parce más solo tanta más compañía le rodea. Sus respuestas poseen una textura que compadece, que trata al otro como si padeciera cierta minusvalía, sobre todo, psíquica; Un tono consolador, como si acompañara al doliente en un sepelio, que ni le importa, ni lo siente.
Lo esperamos y contraatacamos cuando se va yendo:
– Presidente, ¿Se queda a vivir en Madrid?
– No, no, no, hay que regresar a México.
– ¿Aceptará la invitación para ser profesor aquí?
– Es una invitación muy amable pero va a ser un poco difícil.
– ¿Qué es lo que más echa de menos de ser Presidente?
– Servir más, la posibilidad de servir más.
– ¿Su sueño más imposible?
– Todavía no lo encuentro
– ¿Su peor pesadilla?
– Ya platicaremos de ella…
En la atmosfera nocturna de la vieja España parece más hondo todo. Más árido el recuerdo.

Fotos tomadas por: Ulises Castellanos y Puri Ramón