“En la forma se equivoca pero su fondo es bueno”. Esta frase la escuché siempre, cuando mi madre intentaba justificar a mi padre respecto a sus formas (violentas) y exigencias (exageradas). A partir de ahí, creo, fui creyendo que la forma era lo importante para conseguir lo que en el fondo, acaso, ni siquiera deseaba. Así fue como empecé a educarme en la “apariencia”; el fondo se suponía que justificaba la forma, eso me llevó a muchas equivocaciones, como por ejemplo, una educación no sólo en la mentira (que eso al menos hubiera sido algo creativo) sino en el engaño. Quizá de ahí mi predilección por la ficción. No importaba lo que uno quisiera, sino la forma en pedirlo (arrodillarse, suplicar, decir lo que fuera aunque no fuera verdad). De ahí, todos nos fuimos, creo, deFormando en la forma como fondo. El escritor Jorge Volpi, en “Leer la mente”, dice: “Forma y fondo no se diferencian en el cerebro como en los opúsculos de los críticos: ambos son, en esencia, ideas –ideas sobre qué decir e ideas sobre cómo decirlo-. Y cuando en verdad funcionan, una y otra se confunden”.
Es decir que forma y fondo son indivisibles. Fondo y forma es lo mismo. La forma de uno es su fondo. No saber cómo ser, es no saber quien soy, o ser como buenamente pueda ser o creer ser.
Propósito e intención van unidos si es verdad que fondo y forma es lo mismo. Mostrarse es el fondo, y demostrar –conlleva una intención- es una apariencia. Así, la forma que es nuestro fondo, también es la ficción que construye realidad. Por ello imagino (pienso) que lo único real es la invención como método (forma) para ser eso que uno quiere. Nos inventamos para ser y ese ser es absolutamente real auque sea una invención. Las formas como mentira son fondos de ficción que hacen reales las existencias. Dice Volpi: “La ficción se inaugura, pues, no cuando el primer humano miente, sino cuando los demás reconocen su mentira y prefieren ignorarla”.
Así, recordar, mirar y configurar también son formas de la ficción, maneras y fondos de invención. Se dice: “voy hacer memoria” y sí, uno hace, construye, crea memorias, que inventan, modifican y acomodan. Volpi viene a decir que: “uno recuerda desde el presente, lo cual la hace ya una forma de ficción: Si la memoria me engaña, es porque poseo una conciencia que, al recordar los hechos, los trastoca de forma interesada. Cuando revivo el pasado, me mueve una razón o un impulso presentes y, por tanto, no privilegio la fidelidad a los hechos sino mi interés personal –mi agenda oculta”.
Ahora que ya es invierno, siempre trato de hacer un ejercicio imposible: intentar sentir la misma sensación de calor asfixiante cuando era verano -desde el mismo punto- ahora en invierno y donde el frío cala los huesos. No me creo que haya estado de sandalias, musculosa, y bermudas, en este mismo punto y a la misma hora, y que ahora cargue bufanda, cazadora, pijama térmica”, siento frío, me siento helado y es imposible, aunque tenga memoria, sentir lo mismo que en agosto a las tres y media de la tarde por la Gran Vía. Y sí, imposible, porque ahora es presente, y desde aquí miro y siento. Todo esto para concluir y sumarme a lo que dice Volpi: “Todos somos básicamente idénticos”. Cómo pienso es saber o intentar saber qué creo. Cómo, es qué. Las formas de un adiós son fondos de una separación. En la renuncia, como en el cortejo, fondo y apariencia emergen nítidamente para revelarnos como, es decir, quienes somos. Lo que pasa es que a veces (frecuentemente) somos uno y a veces somos otro, porque en el fondo y en la superficie hay tantas formas como fondos. Pero sí, el fondo más nítido, creo (invento) es nuestra forma.
